» La luz de La Habana
Por José María Poirier y Gustavo Clariá
Impresiones de un viaje a la isla de Cuba, tierra de contradicciones y contrastes, en la que no puede soslayarse la presencia de un discutido y amado Fidel Castro.
Una de las primeras cosas que impresionan al llegar a La Habana es la intensidad de su luz, tan blanca, tan potente. Una luz que se refleja incansablemente en el mar junto al malecón, y que reverbera en los muros y en los muchos otros edificios donde la arquitectura juega atrevidamente con los estilos, agregando el toque característico de un ritmo lúdico. No por ello podemos omitir las muchas sombras que en lo político y económico también se advierten con nitidez.
Pero, antes de seguir estas líneas, convengamos que es empresa imposible hablar de Cuba sin despertar polémicas, pasiones, enconos. Igualmente utópico sería pretender abarcarla en un breve artículo. Valgan, entonces, como meras impresiones, apuntes poco prolijos, aguafuertes sin rigor pero decididamente enamoradas de esa singular ciudad.
Para quien va por primera vez, diez días en La Habana resultan pocos, tanto es lo que hay que ver, escuchar, visitar (sus impactantes museos de arte, su universidad, su teatro, su escuela de cine, su riquísima literatura y su omnipresente música). Leemos que La Habana es «una de las pocas ciudades del mundo que reúne dos raros privilegios: haber tenido un grandísimo y valioso fondo arquitectónico de diversos períodos y estilos, y que éste haya sobrevivido a la especulación inmobiliaria pues, por circunstancias históricas y políticas, quedó prácticamente congelada al final de los años “50”. Más allá de los magníficos logros de restauración de plazas y edificios emprendidas por el historiador Eusebio Leal, el tiempo parece algo detenido en Cuba: un país, en muchos aspectos, ajeno a la contemporaneidad.
La simpatía y amabilidad de la gente, su hablar tan pintoresco y gentil, no llega sin embargo a esconder del todo un indomable orgullo y una cierta ambigüedad (para sobrevivir hay que «resolver », verbo que puede tener las más variadas y extrañas connotaciones).